sábado, 14 de noviembre de 2009

MUESTRA DE CANTOS A LA MUERTE, 2008.


“El poeta trágico se entrega al dolor más profundo, que desvirtúa todas las explicaciones optimistas de la existencia. Pero este sufrimiento libera las fuerzas que no se darían de otra manera, y se establece como un valor último que por sí mismo es una respuesta. En esto consiste el secreto del arte trágico, que es la afirmación más profunda del mundo, pues aún encuentra una revelación en lo que aparentemente no tiene sentido…”
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Walter Muschg
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(De Morir, Morir, 1954)
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¡Oh, dioses de la amargura! Quiero sobrevivir a vuestras cenizas; a carcajadas quiero renacer de vuestras sombras.
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¡Oh, Pueblos! La muerte, sobre el suelo, aún yace fresca, palpita, y de vez en cuando con su tétrico latigazo, nos hiere. Sobre ella quiero florecer.
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¡Oh! Pueblos, Pueblos Nuevos, que estos cantos de amargura y de negra aflicción, sean el último tramo de la escalera oscura, pues más allá se abre luminosa, la puerta de la liberación!
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Que estos cantos de loca desesperanza sean el impulso que os lleve a la mansión ansiada del Hombre redimido, del espíritu vencedor.
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¡Oh, Pueblos, Pueblos queridos, quiero cobijar en mí toda tristeza, matar a la muerte con su propia muerte!
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Mas, ¡ay!, ¡oh, Pueblos, Pueblos, Dioses de la Amargura, es la noche, la noche, la amiga fiel y atormentadora que nos anuncia el gran amanecer!...
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XII
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Madre, acuérdate de mí. Cuando yo parta, que nadie use mis cosas; que ningún niño juegue donde yo estuve. Que no crezca yerba donde yo morí, no vaya a ser cosa que mis ojos florezcan.
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Madre, regálale mis zapatos a un mendigo; mi ropa échala al río; a un moribundo dales mis poemas. Que nadie más que tú sepa cuánto odio al mundo.
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No guardes nada mío; no quiero ser un recuerdo muerto dentro de los objetos de tu pertenencia, un recuerdo inmóvil que salta a tus ojos cuando te topas con ellos. De morir, quiero morir con todo lo mío.
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No me pongas en la tierra, madre. No quiero que mi cuerpo se convierta en otros cuerpos pequeñitos y que mis manos se prolonguen por el suelo. No. No quiero, madre, en ninguna forma vivir de nuevo. A los amigos diles que me fui de viaje, que siempre existo, que estoy en todas partes, que vivo en todo.
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Cuando muera quiero que muera el mundo, quiero que todo muera. Que nadie vaya por los caminos que fui. Que nadie toque lo que he tocado, que nadie mire lo que he mirado.
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Madre, cuida de que todo muera cuando yo muera.

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