martes, 13 de diciembre de 2011

NUEVA RESEÑA DE SERIES DE ANDRÉS FISHER


por María Clemencia Sánchez


Series es el último libro de Andrés Fisher, que a manera de antología recoge su obra poética en algo más de diez años. Entre su primer libro Ocularmente ávido (1992) y los sucesivos -Composiciones, escenas y estructuras (1997), Hielo (2000) y Relación (2008) -la sugerencia de un mundo rigurosamente construido, de series calculadamente puestas, de secuencias simétricas que buscan anclar la palabra en un puerto seguro, hablan ya de un anhelo de pertenencia o las tentaciones de la tradición. La serie, como su definición lo indica, extiende por semejanza un territorio semántico común. Dentro de una serie, diríamos, un mismo elemento se desplaza variando un tono, una perspectiva, un acento, pero no un fondo. Ese leitmotiv de la obra poética de Fisher rastrea con fervor y meditada contención las voces dispersas de la lengua española, que a él – americano de nacimiento – le viene como lengua materna por una niñez y juventud en Chile y por un azar no develado en su poesía que lo ata afectivamente a España. Ese mundo interior interrumpido de paisajes australes y un presente en su país de nacimiento, fundan un territorio imaginario que limita en sus palabras con la España del Mío Cid, Machado y Gamoneda. Pero también Kerouac y Haroldo de Campos. La inocultable referencia a Castilla, verbi gracia, en la serie de poemas de brevísimo aliento ya es el eco de un Machado rescrito en los poemas de Fisher, como en la serie titulada “Castilla”: “Detrás, las montañas enseñan su perfil de roca./ (…) Arriba, nubes poderosas surcando el cielo de Castilla.” (39)

Si bien la marca de un mundo vasto y universal impregna el tono general de su obra, es ese otro mundo escrito en lenguas distintas a la española, quien viene a replegarse por extensión a ese mundo central de honda raíz en la lengua propia que en su poética le viene desde Alonso de Ercilla hasta Borges, digamos. Es su manera de españolizar el haikú, su manera de pronunciar a Basho o a Kerouac en la lengua de Góngora. Más que reducir este proceso combinatorio al manido argumento de la posmodernidad en la que-todo-cabe, lo que habría que decir en el caso de Andrés Fisher es que su poética intenta ordenar con rigor sus lecturas, sus paisajes internos y sus tentaciones de inscribirse en la tradición de la poesía hispanoamericana, esa que va desde nuestros primeros cronistas y el venerable Cid, pasando por Machado, hasta el agudo Gamoneda y el insoslayable Borges. Clasificar es ordenar el mundo, decía el autor de Fervor de Buenos Aires, y es allí donde veo las series, el orden interno que en medio de un mundo fracturado, Fisher quiere ordenar.

LA NOCHE AMERICANA

i. Un día los vestigios fueron carne. Entre los restos

de hierro y hormigón fluía la energía como un dinamo

de cables centelleantes. (…)


iii. Los restos del futuro aun tienen carne. (23)


lxvi. Leo el sutra del

Diamante: Jack Kerouac es

mi boddhisattva. (103)

En este libro de reposo, en el que una década de poesía intenta poner los pies en los puertos de su tradición, la musicalidad interrumpida – ella también – da cuenta de un tono que se aleja de las rítmicas cantinelas modernistas. Aquí duerme en paz la voz de Darío y sus exactos quioscos de Malaquita. Fisher se ha desprendido de ese vasto tono de precisión métrica para dar lugar a un poema escarpado y asceta por decir lo menos, en el que el rigor de la imagen limpia contiene todo desborde emocional y retórico. Casi epigramas, los poemas de Fisher apenas si levantan el aliento cuando ya la imagen ha cesado, dejando un temblor suspenso, una realidad por hacerse ante el lector.

Cae la tarde:

se endurece la nieve

en el camino. (97)

Series conecta un mundo cercano con uno leído. La lectura que se hace relectura, rescritura de lo leído, el héroe que en el poema vuelve a tener una segunda redención, Homero en la pupila de su rapsoda moderno. La serie por contigüidad da al muro del libro que siempre vuelve a comenzar en el poema. Fisher es un lector que vuelve a sus lecturas para dialogar con lo leído. Ese mundo que casi se toca, ese mundo borgiano del que su poesía no teme dar cuenta.

VARIACIONES SOBRE UN POEMA DE GUADALUPE GRANDE: LA CENIZA O LA IMPOSIBILIDAD DEL OLVIDO

i. No existe el olvido ni es posible expurgar la

Memoria de las palabras de piedra. (75)

El diálogo dentro del poema con otro poema no es precisamente un descubrimiento de Fisher pero si la manera en que lo hace: el nuevo poema - su poema es una serie, una continuidad del poema con el que dialoga. Su mérito está en dar lugar a la serie de poemas al infinito a partir de un único poema, volviendo en su sentido más ontológico a los versos homéricos o al sueño totalizador del Aleph.

VARIACIONES SOBRE UN POEMA DE JUAN CARLOS MESTRE: ELOGIO DE LA PALABRA (PRONUNCIADA ANTE EL VACIO)

i.

Una multitud que no existe contempla a la palabra y

su evolución ante el vacío. (70)

Series de Andrés Fisher es sin duda un libro de enigma que debe leerse y releerse con la consciencia de quien está abriendo una puerta tras la puerta, tras otra puerta. Las fronteras de estos poemas son ellos mismos y las voces que transitan desde la memoria, la lectura, el presente y el desenfado ante un mundo que se ignora entre su sombra.


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