sábado, 1 de agosto de 2009

ENTREVISTA AL POETA MARIO GARCÍA:“El oficio del escritor, es el del náufrago que vive de los espejismos que crea”



Por Julián Gutiérrez

Mario García es uno de los poetas más importantes de nuestro sur. Nació en Chaitén en 1964 y vivió desde niño en Castro. Estudió pedagogía en Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena, donde fue dirigente universitario y Presidente de su carrera durante el período 1986 – 1988, representando a la Juventudes Comunistas de Chile.
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Su formación literaria la inició en el taller literario Aumen (1974), creado por Carlos Trujillo. A publicado Poemas In-púbicos (1995), (Des) pliegue de Papel y Follaje (1995), y Los Palafitos… Del paisaje (2000). Parte de su obra ha sido traducida al italiano y al portugués, y recogida en antologías literarias como: Fin de siglo: nueva poesía chilena de los 80 (2009), Poesía chilena desclasificada (2006), Anaconda, antología poética de autores latinoamericanos (2003), Carne fresca, poesía chilena reciente (2002) y Abrazo austral: poesía del sur de Argentina y Chile (2000).
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En palabras de Nelson Torres, la poesía de García nos entrega un discurso de aliento épico, en el sentido narrativo, con una significación que alcanza al ser humano en sus luchas individuales y colectivas. Es importante dejar en evidencia que el yo escritor escribe, describe, punza y lanza sus versos en plena conciencia del cuanto sucede.
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He aquí su reflexión sobre su origen y escritura.
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¿Cómo ocurrieron tus inicios literarios, en términos de ambiente, amistades e inquietudes?

-La literatura llega a mí o llego a ella desde distintas maneras. Nací en Chaitén, un pueblo que hoy está casi en extinción y ya no va a ser nunca más el pueblo de mi infancia, sin embargo, entre esos cerros gigantescos que nos rodeaban y me hacían preguntarme qué había más allá de esos límites, a través de ellos, surgían, a veces, tropas de animales que llegaban hasta el embarcadero para Puerto Montt, quedaba en el ambiente personajes sin historia, vestimentas, figuras inexplicables. También está el mar, como un cielo omnipotente tirado en el suelo y al fondo unas sombras oscuras (las islas de Chiloé), el mar era -y es todavía en algunos lugares- una explanada, un camino por donde llegaban cosas, palabras nuevas; desde otro ámbito más etéreo e inasible está la palabra puesta en escena por los curas en la única iglesia y las palabras que salían de la radio sin que pudiera determinar de dónde ni cómo era posible ese fenómeno, esto en el contexto de una poderosa y rebelde vegetación, en donde caminar unos cuantos pasos significaba estar conversando con uno mismo, palabras y más palabras, como hojas, ramas, raíces, árboles sin fondo trepándose unos a otros, o eso me parecía, los ríos, llenos de peces al alcance de los ojos, pero también están los vientos tirándolo todo a cualquier parte, los caballos y sus carreras frenéticos y sus palabras silenciosas, los perros persiguiendo a seres invisibles. Todo esto y los relatos de la gente “antigua”, otra floresta llena de palabras. Así es como explico a mí mismo y mi interés por escribir largas palabras en tejuelas de avellano o alerce con trozos de carbón (vegetal), que luego podía ordenar de una u otra forma. Creo que este fue mi primer taller literario, en un mundo que estaba lleno de palabras.
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En Castro, viví mi adolescencia, sin que yo lo supiera bien todavía, habíamos hecho el retorno de donde habían salido mis abuelos (Chiloé), es aquí, donde siendo un estudiante de enseñanza básica paso a integrarme al Taller Literario Aumen, que será determinante en mi formación literaria. De alguna manera el taller literario me despoja del misterio de la palabra, pero me muestra sus potencialidades, es una especie de traspaso del pensamiento mítico o salvaje a la ingeniería de la palabra, sin embargo, existe la coexistencia y la imbricación en el texto, la palabra, para mí, pasa a ser un animal doméstico que mantiene su fondo inexplicable, pero que también me permite jugar con ella, un juego que, como todo verdadero juego, es un juego en serio, que tiene el poder transformador y transformante del mismo. El Taller Aumen, además me ingresa en el mundo de la literatura, como fenómeno social, y permite establecer contacto y vinculación amistosa y literaria con los demás del oficio, los vivos y los muertos, los famosos y desconocidos, otra floresta, surgen así los compañeros de lo que, ahora, conozco como oficio. Como se sabe, practicar el oficio literario implica moverse en círculos sociológicos dispersos y diversos, donde se entrecruzan y rivalizan generaciones, grupos, amistades transversales, generalmente, uno se siente mejor con los que comparte territorios ideológicos, geográficos y humanos.
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¿Cómo definirías tu proyecto poético o escritural en término de intenciones o propuesta creativa?
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-Básicamente creo que todo proyecto escritural es un acción emocional y racional hacia el mundo desde un mundo propio y personal, que sufre la pulsión de lo colectivo, a veces no es más que un intento de explicarse el hecho de habitar un mundo que siempre es incomprensible e inasible, el oficio del escritor, es el del náufrago que vive de los espejismos que crea, que tiene conciencia de esa fugacidad de existencia, pero que esta constituye su tabla de salvación, porque no se puede vivir sin espejismos, a veces se puede reaccionar con bravatas, disparar como un francotirador o a cuchillazos con el mundo, pero no son más que intentos desesperados, un pataleo de náufrago que cree en la proximidad de las orilla, en las propias firmezas de las mismas, aunque estas sean nada más que cornisas de un edificio en construcción. Todo poema se plantea a sí mismo como verdadero, el espejismo siempre lo es, el resultado es un texto que siempre queda a la deriva. Mi proyecto literario, como tú lo señalas, si es que lo tengo, es movimiento permanente entre la duda y la certeza, la evidencia del espejismo y del náufrago que lo habita, siempre presente dando cuenta de la corriente y las mareas que agitan y fuerzan el viaje del texto, una escritura que haga y sea memoria de lo mismo…es lo que pienso ahora.
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¿Qué factores consideras determinantes en el proceso creativo?
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-La certeza de la duda, y la certeza de la certeza, creo que son los factores que imbrican todo proceso creativo. La conciencia del sentir y del estar, la sensibilidad que se desborda y obliga a la palabra, pero con la conciencia que la palabra también es un bien común, un aire que respiramos y dejamos de respirar en un tiempo desconocido, la palabra es un despliegue de follaje que crece entre nosotros, y el follaje crece, es el pasto, la selva que lleva el tiempo en nosotros, pero el follaje no sigue un orden predeterminado es sólo sobrevivencia, y si lo sigue, tal vez no tiene nada que ver con nosotros. Las toneladas de teoría que tratan de explicar el proceso creativo al final pueden definirse como proyectos científicos fracasados.
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¿Qué criterios usas para identificar un buen poema?
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-Un poema es palabra ante todo, palabra, que como tal debe ser sincera, la poesía trasluce su honestidad al lector, el lector de poesía no es un lector ingenuo. El poema, por tanto, no puede mentir, debe traslucir la memoria del hombre que se esconde tras el texto, es la memoria del espejismo de todos que calza en un texto, aunque sea olvido o memoria que se dibuja en el aire; es también la historia que no aparece en los discursos de la historia, desde ella se levanta el poema y se erige como arrecife iluminado o refugio oscuro de lo que somos, lo que creemos que somos. Un poema debe llenar todos los espacios y convencer incluso en su decepción o en su proyección de los espejismos que soñamos, es decir, honesto debe ser el poema en su miseria o precariedad, en su construcción o deconstrucción de lo que somos.
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¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?
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-Actualmente estoy en tres o cuatros proyectos que llevo desarrollando desde hace mucho tiempo, y a lo mejor sólo es uno. Lo que estoy haciendo tiene que ver con las implicaciones de mis tres libros anteriores: “Los Palafitos…Del Paisaje”, “(Des)Pliegues de Papel y Follaje” y “Poemas In-Púbicos”, tres libros distintos, de los cuales yo soy el espacio desde el cual se proyectan como seres independientes, mis propios espejismos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

UN EXELENTE PROFESOR ♥