miércoles, 22 de octubre de 2014

Poemas de un bárbaro de Jesús Sepúlveda se presenta en España


El poeta Jesús Sepúlveda presenta su libro Poemas de un bárbaro (Santiago: Contragolpe Ediciones, 2013) en España. El acto se realizó el 5 de octubre en la Casa Ikatza en la pequeña ciudad de Eugi en la Comunidad Foral de Navarra, en plena montaña vasca. Asistieron entre 40 y 50 personas. Le acompañó (con la guitarra) el músico inglés Nate Read. 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

NUEVO LIBRO DEL POETA JESÚS SEPÚLVEDA



 
Poemas de un bárbaro
Jesús Sepúlveda

Año de publicación      : 2013
Número de páginas      : 261
Colección                    : Caja Negra






Son varios los libros que aquí reunidos conforman un testimonio de arte y trayectoria vital, y brindan la grafía de las posibilidades, la inscripción de un viaje de revelación interior.
Alexis Figueroa

La poesía ecológica y el chamanismo son los espacios desde los que Sepúlveda se opone y cuestiona los valores impuestos por el sistema neoliberal y su modernidad avasalladora.
Cecilia Enjuto Rangel

La poesía de Jesús Sepúlveda es una alternativa a la modernidad. El resultado es un discurso poético, dialógico, que sintetiza experiencia y cultura, coloquialismo y metáfora, pasión y rigor.
Víctor Rodríguez Núñez

martes, 3 de diciembre de 2013

SOBRE EL POETA JESÚS SEPÚLVEDA




 
Jesús Sepúlveda nació en Santiago de Chile en 1967. Formó parte de la generación bárbara de fines de la década del 80. En la década del 90 dirigió la revista Piel de Leopardo y coeditó el periódico bilingüe Helicóptero. Su tercer poemario Hotel Marconi (1998) fue reeditado en 2006 y 2012 en edición bilingüe castellano-inglés y llevado al cine por Pulso Films en 2009. Correo negro (Argentina, 2001) recibió el Primer Premio de Poesía de la revista argentina Perro Negro y fue reeditado en Chile en 2008. Su manifiesto ecolibertario El jardín de las peculiaridades (Buenos Aires, 2002) ha sido traducido al inglés, francés, italiano y portugués, contando con ediciones en Estados Unidos, Canadá, Italia, Brasil, Chile y Francia. Ha vivido en Holanda y México, donde publicó Escrivania en 2003. Ha sido además colaborador de las revistas Green Anarchy, SurySur y La Época de Bolivia y coeditor de la antología de ensayos Rebeldes y terrestres (2008). Fue becario de la Fundación Pablo Neruda y del Fondo del Libro y la Lectura. Es doctor en Lenguas Romances y académico de la Universidad de Oregón. Radica en Eugene, Oregon, noroeste de Estados Unidos.

jueves, 26 de septiembre de 2013

LA MIRADA LÚCIDA



Por Julián Gutiérrez


La máquina de hacer niebla. Luis Chaves.
Sevilla: Ediciones La Isla de Siltolá, 2012.
215 páginas.


La máquina de hacer niebla (Sevilla, 2012), es el más reciente libro del destacado escritor costarricense, Luis Chaves (San José, 1969). En sus 215 páginas que lo componen, el autor reúne una amplia selección de su poesía publicada durante los últimos quince años. Suceden al prólogo de José María Cumbreño, alrededor de 85 textos correspondientes a sus cinco poemarios editados: Monumentos ecuestres (2011), Asfalto: un road poem (2006), Chan Marshall (2005), Historias polaroid (2000) y Los animales que imaginamos (1997). La mayoría de los poemas, además de transitar entre la forma del verso y la prosa, enfatizan lo narrativo y huyen de toda pretensión lírica; aunque no de la intensidad y del rigor en el uso del lenguaje.     

En una primera lectura, llama la atención el predominio de una perspectiva que se proyecta desde los detalles. Este punto de vista, a partir del cual parece observar siempre el sujeto que transita su obra, se caracteriza por ir de lo más próximo a lo más lejano. Así arranca el viaje de los ojos, a modo (tal vez) de ese profundo compromiso con el entorno más familiar y vital que sus palabras denotan. Allí los espacios del hogar y las cosas que lo pueblan, las situaciones de la vida y los recuerdos: fotografías, escenas y los inevitables detalles por donde se cuela el mundo. Todo esto, en una suerte de asumida ruta de acceso, directo y trasparente, a la “realidad”; la que es mostrada en su desnudez: sin maquillajes, sin estereotipos, sin retoricismo.  

Sin embargo, más allá de esta mirada que trasuntan sus poemas, es posible advertir también el dejo de un dolor: el de la distancia y la separación. Cada página, a pesar de la ironía y el humor presente en ellas, deja percibir cierto tono melancólico: “Cómo será tu casa /…/ tu lugar, qué pensarás” (p.27). En cada objeto o cosa que el poeta esboza, se descubre la intencionalidad de un toque, un contacto: la necesidad de (re)establecer un vínculo. Cada gesto visual constituye una apertura a lo que no está y falta: lo que fue y no será. Como en aquella frase que lucha por aferrarse al concreto, de su poema Grafiti: “aquí te vi por última vez” (p.200).

Y es que, en el fondo, la poesía de Chaves pareciera ser el despliegue de una constatación ineludible: la de un tiempo avasallado por la muerte. Esta es la tragedia que transcurre entre sus palabras; la que, a modo de un “tictac interno”, junto con latir, jala desde su más lúcida conciencia:
[…]
“¿Cuánto falta?
pregunta el niño de la mente
 y la bengala entra, en cámara lenta,
a la noche de estrellas
hasta consumirse.
(p.44).  

En esta escena, pasado, presente y futuro parecen converger como en un movimiento que se disuelve. Pues si bien para Chaves la poesía es “la voz del recuerdo”, también nos advierte que “[a]quí, sin embargo, se habla de futuro” (p.48). Y claro. Es en el horizonte del porvenir donde resuenan y adquieren sentido sus palabras. Es en esta perspectiva que, en el transcurso de su obra, es posible también constatar la intensidad de una voz a la que parece dolerle el futuro; o sufrirlo mucho más que el pasado. Esto tal vez porque, como suele decirse, la muerte (la de un familiar, por ejemplo), no aterra tanto por el hecho mismo, sino por la soledad que desde ella nos aguarda. Al respecto, otro poeta explica: “Nos representamos lo que nos queda por vivir y, empañada todavía por las lágrimas y la incertidumbre, vemos, borrosa en la lejanía, la ruta que nos aguarda, los instantes que desde ahora, desde esta muerte, tendremos que vivir solos, sin la compañía que gozáramos hasta hoy” (Millas 2009:47).

De ahí, posiblemente, la presencia recurrente en los textos de Chaves, de la fotografía y de las pequeñas escenas de vida que esbozan, de un modo casi cinematográfico, diversos relatos. En ellos el poeta da cuenta que: 1) “las cosas no mejoran con el tiempo” (p.155) y 2) la sonrisa (o la felicidad)  “dura lo mismo/ que ese instante mínimo/ entre el flash y el obturador” (p.156).    

Respecto a las fotografías, y recurriendo (inevitablemente) a Barthes, se puede decir que simbolizan el ocultamiento de la muerte, el tiempo interrumpido y el testimonio de lo que fue. Late en ellas, por lo tanto, un intento de conservar la vida y luchar contra la muerte. La vista es su condición previa y la memoria, su condición posterior. Las fotografías, que en Chaves casi siempre son “Fotos mal centradas”, constituyen recuerdos en los que, además de mantener la perspectiva del detalle como criterio clave de su discurso (un zoom constante), punzan, como testimonio inevitable, el dolor de lo imposible: lo abolido, lo que no podrá ser:
En la vieja billetera moldeada por la nalga, la fotografía de épocas mejores. Los dos en un parque de otro país. La foto en la que para siempre ella mirará, no a él, que la abraza, sino al desconocido que la tomó  (p.80).
En cuanto a las escenas presentes en los textos, todas ellas corresponden a pequeñas historias en las que, similar a lo que realiza Carlos Sorín en el cine, los detalles adquieren relevancia. Constituyen, en su mayoría, historias mínimas cruzadas por el tema del viaje, y a  través del cual, el sujeto lucha inevitablemente con la distancia que impone el tránsito de la vida misma y la precariedad de nuestra condición humana: siempre permeada por el sentimiento de la pérdida y la (im)posibilidad de lo que se espera, como en Propuesta para escena de videoclip:
[…]
La oscuridad se hace lugar entre nosotros,
tan densa y pesada,
que sentimos viajar cada uno solo.
Con tu izquierda buscás una canción en la radio,
yo solo miro la autopista
creada metro a metro por los focos.
(p.167)

Como se podrá dar cuenta el atento lector, en la poesía de Luis Chaves se despliega el escrutinio del tiempo (nuestro tiempo) y la expresión de una conciencia lúcida que, por medio de una estrategia alejada de toda pretensión metafísica, deja entrever -además de una percepción nostálgica del futuro-, la única constatación posible de la historia, esto es (trocando una expresión de Raúl Zurita): que no hemos sido [del todo] felices. 

REFERENCIAS:
Millas, Jorge (2009). Idea de la individualidad. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales.
Barthes, Roland (1989). La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía (trad. de Joaquim Salas). Barcelona: Paidós Ediciones.   
Historias mínimas [película]. Dir. Carlos Sorín. Argentina, 2002. 
Zurita, Raúl (2006). Los poemas muertos. Tlalpan, México: Ácrono y Umbral Ediciones.

miércoles, 15 de mayo de 2013

LUIS CHAVES RECIBE PREMIO NACIONAL DE CULTURA 2012

Luis Chaves obtiene Premio Nacional de Cultura 2012 en la categoría de poesía por su libro La Máquina de Hacer Niebla (Sevilla, La Isla de Siltolá, 2012). Este premio, otorgado anualmente por el Ministerio de Cultura y Juventud de la República de Costa Rica, busca reconocer la trayectoria y obra de diferentes artistas del teatro, la danza y la literatura. Los ganadores fueron dado a conocer por el propio Ministro de la cartera, Manuel Obregón, en la mañana del 7 de febrero del 2013. Y la ceremonia de premiación se llevó a cabo el día lunes 13 de mayo, en el Teatro Nacional de San José, y contó con la asistencia de la Presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, además de los Ministros de Cultura y Juventud; y de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones. 
 
Luis Chaves (San José, 1969), es un destacado escritor costarricense. Ha colaborado como cronista para diferentes medios y ha sido editor de varias revistas. Entre sus libros están Los animales que imaginamos (Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 1997), Historias Polaroid (2000), Chan Marshall (III Premio Fray Luis de León, 2004) y Monumentos ecuestres (2011). Además, las crónicas El Mundial 2010- Apuntes, y un libro que recoge su prosa titulada 300 páginas (2010). Fue coeditor de la mítica revista de poesía hispanoamericana Los amigos de lo ajeno. Desde el 2006 coordina en San José el Taller de Escritura Artesanal. Vive en San José con su esposa y sus dos hijas.

FUENTE


RESEÑA SOBRE LA MÁQUINA DE HACER NIEBLA

Fuente

martes, 23 de abril de 2013

INVITACIÓN A SEMINARIO "MARTÍN CERDA"

Queridos Amigos:
Junto con saludarlos, quisiera invitarlos cordialmente este miércoles 24 de Abril a la primera actividad del Seminario de Investigación "Martín Cerda", a realizarse en la sala Ives Benzi de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (Av, Ignacio Carrera Pinto # 1025, Ñuñoa, 4to piso) a contar de las 18:30 horas.

La conferencia ese día estará a cargo del académico y docente José de la Fuente (UCSH-USACH), y lleva por título "Zarpe, naufragio y literatura comprometida en la ensayística de Martín Cerda".
Les recuerdo que la asistencia es completamente libre y abierta a toda la comunidad interesada.
 
Atentamente,
 
Sergio Pérez OjedaComité Organizador Seminario de Investigación "Martín Cerda" http://seminariomartincerda.wordpress.com/

domingo, 17 de febrero de 2013

SOBRE LA CONTRACULTURA

Por Jesús Sepulveda

La contracultura no es un concepto inmóvil carente de cuerpo. Por el contrario, se encarna en personas, prácticas y acciones específicas. [...] La resistencia tiene varias perspectivas: ecológica, literaria, política, vital o estética. Oponerse a la cultura dominante que homogeneiza, uniforma y estandariza es un acto de resistencia y sobrevivencia. La autonomía anárquica es antimilitarista y biocéntrica, por eso busca su razón de ser en la naturaleza. El respeto por todas las criaturas vivas es una praxis de coexistencia que tiende a anular la dependencia y la inconsciencia. Una mirada conciente busca formas de autosostenimiento holístico, privilegiando una visión libertaria interconectada al mundo y al cosmos. El control y la administración de la vida asfixian y entristecen, desarrollando una cultura de la muerte. El movimiento contracultural sigue activo y no se detiene. Así, por ejemplo, el 14 de junio de este año habrá en Eugene una revuelta de apoyo a los presos políticos Free y Critter, mientras que entre el 20 y el 25 del mismo mes habrá una protesta masiva en Sacramento (California) contra la administración de la hambruna mundial, representada por los expertos y capos monoculturales de la OMC. En Cancún, México, esta ola libertaria se hará presente para cerrar la cumbre de la OMC, mientras que en Miami habrá mitines para detener el avance del plan ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas). La contracultura es una forma de ser—que está viva en cada uno de nosotros—y una práctica permanente. Los nombres de sus protagonistas varían, porque el mundo lo constituimos todos, simultáneamente. La conciencia se revitaliza cada vez que dudamos del escenario impuesto y de sus narrativas. Y por suerte, esa duda nos hace creer en nuestras propias historias personales.
Fragmento del artículo: "Paz, Amor y Anarquía. Hitoria Personal de la contracultura norteamericana", escrito por el poeta chileno Jesús Sepúlveda en Eugene, el 18 de mayo de 2003.

FUENTE

REALISMO ONÍRICO


Por Jesús Sepúlveda

El realismo onírico es el ojo del ensueño, que trastorna la conciencia para que viaje a un estado alterado de plenitud e intensidad sensorial. Breton y sus adláteres vieron en el sicoanálisis la afirmación de algo que ya intuían: soñar es tan real como la vigilia. Se habita la realidad tanto despierto como soñando. El superrealismo –o surrealismo- trata de superponer sobre la realidad lo imaginario y lo irracional mediante el automatismo psíquico expresado en la escritura automática. Como resultado obtiene una serie de imágenes oníricas que, paradójicamente, el pincel ha sabido mostrar con mayor ferocidad. Los surrealistas pensaban que explorando en el subconsciente del individuo –o en su inconsciencia- afloraba lo irracional e imaginario reprimido por el superyo y la conciencia. Hacer que aflorase el inconsciente colectivo en la obra individual se suponía una proeza. Huidobro lanza entonces su diatriba creacionista, propugnando que el poeta debe alcanzar la supraconciencia –o estado de delirio poético- a fin de crear mundos autónomos y nuevos. El poeta debe hacer vibrar la caja cerebral a su máxima capacidad a fin de hallar un estado de conciencia extrahabitual. Pero la maravilla también puede ser sicodélica. Los paraísos artificiales fueron explorados por los beats, que removieron el piso de la conciencia estándar a base de sicotrópicos y coloquialismos callejeros. El resultado de sus vivencias fue un aullido que ya lleva 50 años perdurando y una prosa improvisada trashumante que recorre la carretera panamericana. Pocos años antes, y retomando el hilo de la búsqueda de la maravilla mediante la estética de la belleza convulsiva y la intuición del azar objetivo, Carpentier había abierto un prieto baúl caribeño con alhajas y tambores. Encuentra entonces, en la mixtura y el hibridismo, una realidad maravillosa: el continente americano. Como en la patafísica, que propone soluciones imaginarias a problemas concretos, los cultivadores del género fantástico también sintieron idolatría por la irrealidad. La magia tiene su entrada tardía en el imaginario del circuito hispanoamericano. Adondequiera que se mire hay magia, porque ésta es la condición de América Latina. ¡Bah! Pareciera que con el realismo mágico nos hubiéramos apropiado de Rilke para mirar el mundo como si lo viésemos por primera vez. Pero, ¿qué se ve cuando se mira: un cráneo de bronce vallejiano, un aleph borgeano, un sicomago haciendo antipoesía, o todo junto? El brujo yaqui, don Juan Matus, le recomienda a Carlos Castaneda que mire intensamente sin fijar la vista. Aquí es donde el brujo y el poeta se encuentran, porque si el estado de ensueño es un acto de brujería para viajar entremundos, la poesía es la resonancia vibratoria que hace que la conciencia viaje por el espacio y proyecte su ojo en la realidad ensoñada. Los aborígenes australianos creen que las hormigas verdes sueñan el mundo. Segismundo se preguntaba lo mismo: ¿es la vida sueño? Los monjes hinduistas hacen votos a Brahma, que sueña el mundo donde se baten a duelo Visnú –el preservador- y Shiva –la transformadora-. Quizás los antiguos mayas estaban en lo cierto: la Tierra pasa por un haz de luz cada 5 125 años, despertando la mente y la inteligencia dormidas. Cuando Nezalhualcoyótl, angustiado, se lamentaba ante la fragilidad de las flores, el verso alejandrino detenía el mundo en una imagen dictada por el labio clerical: resonancia humana en desasosiego. ¿Será el año 2012 otra farsa enquistada por la ansiedad civilizatoria? ¿Es que la serpiente de Paz se enrolla sin saber dónde está el comienzo? No hay nada que el cuerpo no diga, porque su carne triste entre los libros gobierna y timonea. La gata se desliza por un librero viejo como teclado mudo y abre la página en el poema Zona. El cuerpo también es la antena que sintoniza -o se quema- dependiendo de cuantos voltios traiga el haz de luz. Sin experiencia no hay materia y sin pulpa no hay realidad. Cuando las palabras son ajenas, dejan una cáscara quebradiza sin eco que no sabe gozar. El sueño afila la noche y renueva los tonos de la acuarela. Sentir con los sentidos, mirar con los oídos, ver con la mente, como animales a destiempo, así somos: buscadores de sincronía entre sueños y pétalos de realidad.
FUENTE

viernes, 7 de diciembre de 2012

SACRIFICIO

(A propósito de la columna "Eclipse de la poesía", de Ignacio Valente)
 
Por Lorenzo Peirano
 
El crítico Ignacio Valente, conmovido ante “la decadencia más o menos general de la poesía en las últimas décadas”, se declara contrario a determinada crítica que da lo malo por bueno. Gente que no entiende lo que realmente está pasando. Dice Valente de las páginas de esos pretenciosos poetastros injustamente bien tratados: “…poemas o fragmentos de poemas sin gracia, sin imágenes que superen lo convencional, sin fuerza, sin manejo del lenguaje, sin musicalidad, sin experiencia humana perceptible.” ¿Qué hacer? Es serio lo que la autoridad literaria propone.

En este sentido, Valente, el crítico (seguramente un heterónimo nacido de una profunda necesidad artística), "pone el dedo en la llaga" al preguntar si en Chile se escriben poemas a la altura de los que se escribían hace setenta años, acudiendo a los nombres de Neruda, Díaz-Casanueva, Anguita, Arenas, Rojas y Parra . ¡Impiedad!, ante esa pregunta el hombre contemporáneo enmudece. Enseguida, menciona a Arteche, Barquero, Lihn, Uribe y Teillier como ejemplos de poesía de altura en la declinación. Después de esos nombres, nada, excepto “Hahn y el primer Zurita”.

Ignacio Valente ha venido a poner orden. Sin embargo, ha olvidado a poetas de su gusto, autores que en sus críticas declaró apreciar; consumación, se deduce, de poesía verdadera. ¿Por qué esta omisión? Pero lo más inquietante viene a ser su sacrificio personal, la abnegada aceptación de no ser él mismo un poeta (Ignacio Valente, o José Miguel Ibánez Langlios, nació en 1936 y ha publicado, en el transcurso de la decadencia que declara, unos cuantos “libros de versos”, por llamarlos de algún modo).

Machalí, noviembre de 2012

miércoles, 19 de septiembre de 2012

V JORNADAS DE LITERATURA

 
Segunda Convocatoria a las V Jornadas de Literatura  Recorridos Actuales de la Crítica y la Escritura en Latinoamérica, organizadas por los estudiantes del Magister enLiteratura, a desarrollarse los días 14, 15 y 16 de noviembre de 2012, en el C.E.N.I. de la USACH.
 

jueves, 7 de junio de 2012

ANTONIO MÉNDEZ RUBIO

Por  Pilar Iglesias de la Torre 
Es una satisfacción para nosotros poder tener acceso a la síntesis del pensamiento, elaborado con todos los imputs ocurridos a lo largo de su vida, de uno de los poetas que conforman el espacio actual de la poesía en lengua hispana y, más concretamente, de la poesía española. Nacido en 1967 en Fuente del Arco (Badajoz), es reconocido por todos en muy diversos ambientes, destacando por la intelectualidad de su mensaje y su claro compromiso social, mediante la palabra.

 1/ Cuéntanos algo de ti: ¿cuál es tu formación, a qué te dedicas, cuáles son tus motivaciones en la vida? ¿Qué es para ti la poesía?

Estudié gracias al esfuerzo de mucha gente. Vengo de una familia de emigrantes extremeños que vivieron, como tantos, bajo condiciones difíciles. Ahora trabajo como profesor de Teoría de la Comunicación en la Universidad de Valencia, pero nunca me he sentido parte de una realidad corporativa o algo parecido -de hecho abandoné el sindicato con el que colaboraba en parte por esa incapacidad mía. Fui a parar a la universidad por una dosis de azar considerable, y también de milagro, porque se trata de un trabajo privilegiado y con mucha libertad de dedicación. El hecho de pertenecer a una familia de clase trabajadora ha marcado mi forma de relacionarme con el espacio universitario, por una parte distanciándome de ciertos tics académicos que siento asfixiantes, y por otra parte haciéndome orientar mi labor de investigación hacia el terreno de la crítica social y cultural.

En este sentido, siempre ha sido importante para mí estar de alguna forma vinculado con espacios de acción e intervención sociopolítica. Ahora estoy en una fase más doméstica porque tengo tres hijos, que se dice pronto. Son una suerte, como lo es Ana, mi compañera de fatigas.

Empiezo a ver la poesía como una tarea crucial para mí. Siempre he intuido que así era, pero sólo recientemente he empezado a comprender hasta qué punto necesito la escritura y la lectura de poesía, esa pausa, para situarme en un mundo cada día más intempestivo y desafiante.

2/ ¿Cuáles son las lecturas que más te han influido en la construcción de tu espacio existencial? ¿Qué poetas han sido un punto de inflexión en tu poética? ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Me reconozco influido sobre todo por lecturas de tipo político y poético. En el primer grupo incluyo mis lecturas juveniles (y no tanto) dentro de la tradición libertaria, anarquista y marxista, a la que procuro no renunciar, y que de hecho intento rearticular a partir de los pequeños conflictos y los grandes límites de la vida cotidiana.

Leo con frecuencia ensayo casi de cualquier tipo. Pero está claro que mis lecturas claves se orientan a lo poético: no puedo pasar mucho tiempo sin leer poesía, claro que poesía también es para mí, el cine de Godard, el teatro de Beckett o los relatos de Kafka. En ese sentido, mis “fuentes de inspiración” no siguen una pauta cerrada de género, sino que respondo más bien a alertas que se encienden en el espacio informe de la vida diaria y de la necesidad, de lo inconfesable. Creo, por ejemplo, que ha sido clave para mi poética la escucha de canciones populares, desde el flamenco hasta el rap, o desde The Pixies hasta Depeche Mode.

En un sentido más estricto de la poesía asumo mis deudas con las fuentes donde se cruzan romanticismo y vanguardia, o con lo que malamente se considera “poesía oscura”. Podría empezar por Juan de la Cruz, pero me refiero a Hölderlin, a Poe, a Emily Dickinson o muy especialmente al poeta checo Vladimir Holan. Más cercanos, los casos de José Ángel Valente, Antonio Gamoneda o Eduardo Milán, entre otros, son fascinantes. Aprendo todo lo que puedo del prodigio que es la poesía no occidental, especialmente la poesía árabe y china. Y, como ya he dicho, de la lírica popular en sus formas tan sorprendentes como inagotables desde su humildad, desde su prometedora insignificancia.

3/ Desde la perspectiva actual, ¿cuál crees que es el impacto de la poesía en la sociedad? ¿cuál es la función del poeta? ¿le ves futuro?

A mi modo de ver, la poesía es lo otro de lo previsible, de lo redundante, de lo ya visto, como escribía Rimbaud. No es raro, pues, que haya sido amablemente expulsada de la polis, de la ciudad, y esto desde los tiempos de Platón. Su incidencia en un nivel cuantitativo es mínima, menos que mínima, es cierto; pero en un nivel sensorial o molecular su reto es desbordante y sin precio. Si se le puede reclamar al poeta alguna función social quizá bastaría con ésta: que mantenga levantada esa vela en el aire, en medio de una ventisca fría, que esté al cuidado de esa huella de lo no gobernable, de lo no reducible a Ley.

Defiendo la poesía como un momento de salida, como un fuera-de-lugar o pulso de apertura, hasta de exilio: es una lengua del exilio y convoca también el exilio de la lengua, es decir, el agujerear o traspasar la rigidez de los códigos establecidos como parte de la Realidad.

El poema traspasa la Realidad quizá a la manera del agujero en el relato supuestamente fantástico de Alicia, o como el tokonoma de Lezama Lima: no para evadirse hacia una ficción imaginaria, sino para arraigar en lo no dicho, en lo no (pre)visto. La poesía no propone otros espacios para la fantasía, al modo del espectáculo mediático al uso, sino que abre el espacio de lo real para vivirlo de otra forma. Más que un espacio es entonces un espaciamiento, un hacer sitio aunque sea sólo para respirar. Eso ya sería mucho. Se podría relacionar esto con lo que decía Adorno en sus Minima Moralia: lo menos que podemos hacer en el infierno es hacer sitio para que el otro respire. Sería una definición preciosa de la labor poética en un mundo como éste, donde, por cierto, el “infierno” (de la miseria, de la guerra, de la injusticia, de la soledad…) tiene un futuro y un presente del que no podemos apartar los ojos.

4/ ¿Qué es lo que más te remueve a la hora de leer un poema?

Busco en un poema cualquier cosa que no sea un espejo. Hay espejos en cualquier casa, pero no hay poesía en cualquier casa, siendo más importante, vitalmente hablando, un poema que un espejo. Como decía Juan Larrea, cuando el poema entra en escena, un espejo se rompe. Así que desconfío del principio de identidad y de los mecanismos de identificación: identificación del tema, identificación del poema como poema, y sobre todo identificación con el poeta… Puede que estemos en la época más narcisista de la historia de la humanidad. No es extraño que los indios norteamericanos, entre los que no existían espejos, fueran exterminados por la civilización moderna y el colonialismo occidental.

Identificarse con alguien o algo supone que el texto representa una realidad previa, exterior o interior, pero previa al fin y al cabo. Mientras que lo que uno busca, en lo que uno cree es en el poema como proyector de luz, y de sombra, como espacio libre para el desconcierto y el vértigo.

Creo en la poesía que me provoca, que me saca de quicio, que me empuja a moverme, a cambiar de posición, y que lo hace en virtud de alguna musiquilla imprevista. Como sugería Lacan, la comunicación consiste al final en que el Otro nos diga lo que querríamos oír. Por el contrario, parafraseando a Ory, el poema te invita a oír, o a decir, lo que no sabes oír o decir. La necesidad de reconocimiento no tiene necesariamente que ver con la experiencia de la poesía o del arte. Es más bien a la inversa, me parece. Estoy convencido de que la poesía, como en su origen, debería ser anónima. Y que de hecho lo es pese a que se publique firmada.

5/ Desde la observación externa, me parece apreciar en tu obra una marcada tendencia a la conceptualización, una cierta desnudez de la palabra y una decidida vocación reflexiva y de compromiso social. Dime si esta percepción está muy alejada de cómo definirías tu poética.

Quizá conceptualización sea un término muy duro. Prefiero concepción: la escritura (y la lectura) como lugar donde concebir, incluso y sobre todo donde empezar a concebir lo inconcebible. En ese sentido, hasta donde yo sé, la poesía no está muy lejos del significado original de las matemáticas.

Pero sí, estoy de acuerdo contigo, apuesto por una poesía reflexiva y desnuda, aunque sólo sea porque es lo que hecho en falta en los lenguajes públicos y cotidianos de nuestra vida en común: contemplación y desnudez. Es frecuente asimilar pensamiento a devaneo, a abstracción en un sentido negativo, a irse por las ramas… para mí es al revés: pensar nos hace descubrir incluso lo que no querríamos saber, de ahí que el pensamiento se haya convertido en una práctica insoportable en un mundo catastrófico como el nuestro. Por otro lado, como decía un amigo, en las ramas es donde surge el fruto de los árboles.

En cuanto a la cuestión del “compromiso”, desde luego, asumo la poesía en una tensión no elegida con las condiciones sociales, con la forma del mundo en que vivimos o sobrevivimos. Hay ahí desde luego una tensión entre lo concreto y lo espectral, entre tierra y cielo. Pero es una tensión fecunda, sin la que el poema carece de valor. Lo que pasa con la noción de “compromiso” es que es ya demasiado inercial, se limita a menudo a un problema de buenas intenciones, y de hecho hasta los partidos políticos, las grandes instituciones o los bancos se han percatado de eso y recurren al glamour del “compromiso” para sus campañas de imagen más convencionales.

Quien escribe, como quien lee, está siempre comprometido con visiones y vivencias, con límites no siempre conscientes o asumidos. La poesía, con toda su precariedad, acude así a compartir esos límites y a volverlos productivos en un sentido de deseo y de intemperie.

6/ ¿Nos puedes indicar algunos poemas tuyos de los que te encuentres más contento o a los que guardes un cariño especial por alguna razón, y explícanos por qué?

Elijo tres poemas inéditos, recientes, que pueden dar pistas sobre mi trabajo y mis prioridades. El primero (“Todo o nada”) procura situar el encuentro en un punto límite de la comunicación, de “lo que se suele decir”, mediante un recurso a la ironía que no bloquee la emergencia de la muerte y del duelo. El segundo (“Y todo…”) implica una deuda con la caída del otro, que podría ser el punto de partida para cualquier disponibilidad, para cualquier acto de amor, aunque fuera imposible. Por último, “De un cuaderno” persigue el rastro del trauma, del secreto que causa el dolor y la violencia, en un sentido no meramente íntimo sino también compartido, común. Como se decía en las antiguas revueltas campesinas, “omnia sunt communia”, todas las cosas son comunes. Así al menos me gustaría que se estos poemas se vieran.

Todo o nada.

Es lo que se suele decir
¿no? Y, si es tu voluntad,
también yo,
por la vez que aprendí,
lo diré. De un suspiro.


Todo o nada.
Así bailan los asesinos
cuando se termina la fiesta.

La única sombra
que no es necesario olvidar
es la que nos acompaña.

Y todo

es gracias a tu caída,
sin que nadie haya tenido que hacer nada,
en un umbral de verdad, por
debajo de un musgo que se aparta
aún. Se ve el ir
de las nubes. Me
cambia la voz
solamente de ver un árbol.

Te puedo dar mi palabra.

DE UN CUADERNO

Huele a lluvia de noche,
a alguna nube más blanca.
En cuanto a los demás
hablan por la falta de tiempo
pero no a nadie
y no contra el silencio. Es como si
fuera una cura de palabra
que ni
dentro de su cuerpo está a salvo
-¿de qué? ¿de quién?...

Sé que va a volver el frío
a encaramarse en los tilos,
aquí.

  La recuperación,
como le pasa al pasado, a la paz,
no es un lugar seguro.

FUENTE [DE LA ENTREVISTA]
FUENTE [DE LA fOTOGRAFÍA]