sábado, 6 de agosto de 2011

ENTREVISTA AL POETA CHILENO LUIS CORREA-DÍAZ: “Todo texto tiene, en el fondo, otros textos atrás que uno va ocultando”




Por Julián Gutiérrez

Luis Correa-Díaz es, tal como se ha dicho, un poeta que, por la calidad de su escritura, merece ser leído y reconocido como una de las voces relevantes de la poesía chilena de fines del siglo XX. Al respecto Alberto Cecereu, afirma: “Correa-Díaz se posiciona como uno de los creadores de un arte renovado, profundamente trabajado, y paradójicamente tan chileno y universal a la vez”. Por su parte, Cristián Gómez, complementa diciendo: “La gran virtud de Correa-Díaz es esa capacidad de hacer convivir al interior de sus textos, esas normas divergentes del habla poética que son síntoma de una ausencia de fondo”.

Nació en Santiago en 1961. Estudió en la Universidad de Santiago de Chile y luego en la Universidad Católica de Chile, donde se tituló como Profesor de Castellano. Después estudió un Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. En 1993, viajó a Estados Unidos, donde estudió un Doctorado. Ahora trabaja como profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Georgia.

Entre sus publicaciones, destacan: Lengua muerta: poesía, postliteratura y erotismo en Enrique Lihn (Providence, Rhode Island: INTI Ediciones, 1996); Todas las muertes de Pinochet: notas literarias para una biografía crí­tica (Muncie, Indiana: Ball State University, 2000); Una historia apócrifa de América: el arte de la conjetura histórica de Pedro Gómez Valderrama (Medellín, Colombia: Universidad de Eafit, 2003); y Cervantes y/en (las) América(s): mapa de campo y ensayo de bibliografía razonada (Alemania/España: Edition Reichenberger, 2006). Así­ como una extensa cantidad de trabajos publicados en revistas especializadas, y siete libros de poesías: Bajo la pequeña música de su pie (Documentas, 1990); Ojo de buey (Aleda, 1993); Rosario de actos de habla (Imprenta Ñielol, 1993); Divina pastora (El Niño Expósito, 1998); Diario de un poeta recién divorciado (RIL Editores, 2005); Mester de soltería (Altazor Ediciones, 2006 y 2008); y Cosmological Me (El fin de la noche, 2010).

En unas de sus visitas realizadas a principios del 2010 a Chile, Luis Corra-Díaz nos concede generosamente esta entrevista, en la que nos habla de sus inicios literarios, su obra poética y su trabajo escritural. Un fragmento de esta entrevista se puede ver y oír AQUÍ.

¿Cómo ocurrieron tus inicios literarios?

-Cuando chico yo me inicié copinado poemas de otros. Tratando de, al copiar, encontrar qué era eso que llamaban poesía. Me acuerdo que en esa época copiaba poemas de Neruda, de gente que estaba más al alcance de uno. Te estoy hablando de cuando tenía 10 o 12 años. Después yo creo que seguí en eso por largo tiempo, en una práctica que, por lo demás, todos hacemos. Todo texto tiene, en el fondo, otros textos atrás que uno va ocultando y, en la medida que uno tiene coraje, los va exponiendo y uno cada vez se va sintiendo menos avergonzado por eso y le va perdiendo temor a la “no originalidad”. Que, por otro lado, es un fantasma que lo persigue a uno por largo tiempo.

Después están los orígenes míticos. Que es lo que te cuentan otras personas de ti. Y lo que cuentan de mí es que yo hacía canciones en el micro, donde yo iba sentado cuando mi mamá me llevaba del colegio a la casa. Y yo iba haciendo canciones a una negra, a una morena, que nunca volví a encontrar realmente. Desde ahí me quedó esa cosa de que quise escribir poemas para que, algún día, uno de esos llegara a ser una canción de algún grupo o que alguien lo cantara y se volviera a cantar cada cierto tiempo. No creo que nadie haya hecho eso y lo vaya a hacer con mis poemas, y no sé si mis poemas sean aptos para canciones.

¿Qué títulos conforman tu obra poética?

-Mi primer libro se llamaba Bajo la pequeña música de su pie (1990). Es un libro raro en el sentido que es de los años 90, y trataba de recoger mi experiencia urbana en las épocas finales de la dictadura. En él hay un juego con variados tipos de lenguajes. Era un esfuerzo de darle (o encontrarle) al lenguaje un poder como curativo. Que la poesía dejara un poco esa parte del lamento y pudiera convertirse un poquito más en fiesta. El segundo, fue una plaquette que se llamaba Ojo de buey (1993). Eran cinco poemas muy metapoéticos y que también trataban de dar cuenta de mi preocupación urbana. Jugaba un poco con el tema de la prostitución, de lo que uno veía en las calles en la noche, y jugaba un poco con la voz en el sentido de que trataba de acercarse al decir de los marginados mentales.

Con mi tercer libro, que se llamaba Rosario de actos de habla (1993), fui entrando al lenguaje religioso. Tenía el formato de un rosario y era un libro erótico, lo que llamaba profundamente la atención en ese tiempo, pues en el fondo era como tratar de levantarle los vestidos a la virgen y ver qué es lo que había ahí. En ese tiempo me interesaba, todavía, erotizar la religión: devolverle ese poder, esa convocatoria. Porque el lenguaje religioso, particularmente el más místico (ese libro no tenía nada de místico), es justamente eso, esa combinación entre lo religioso y lo erótico, por lo cual resulta ser un lenguaje tan revolucionario, agresivo y peligroso. Mi siguiente libro se titulaba Divina pastora (1998). Eran como las jaculatorias que desarrollé en un periodo. Son como 15, poemas semilargos, como de estos personajes que se referían a la virgen y le conversaban sobre sus penas y trataban de buscar consuelo en ella, pero siempre en un lenguaje entrecruzado: era la virgen, pero era la novia, era la amante, era la madre y, si se puede decir, era como la patria, también. Entonces por eso, el último, como ejemplo, se llama, “Habla el poeta Sergio de Conchalí”. La virgen funcionaba siempre como dice la portada del libro: ella es la amada, ella es porfiada, ella es temida; es decir, ver en esta figura todos los fantasmas que uno lleva, ya sean sexuales, emocionales, filiales y patrios.

En otra etapa de mi vida escribí Diario de un poeta recién divorciado (2005). Fue un gesto humorístico, jovial, sobre la experiencia dramática de la separación; con la intención de que ese ciudadano que, como cualquier otro que se divorcia, se riera un poco de esa experiencia. Luego publiqué Mester de soltería (2006), que después, en el 2008, tuvo una segunda edición mucho más ampliada y que salió por Altazor en Viña del Mar. Era como el libro que más me había gustado hasta esa fecha y que era una recopilación de lo que había escrito hasta ese entonces. Mientras tanto estaba trabajando en mi último libro, Cosmological Me (2010), que es realmente, y ojalá no suene muy arrogante, lo mejor que he hecho y que sería como el aporte que yo podría hacer a la poesía en general. Es un libro que trata como de pedirle a la literatura, a la escritura (y lo hace en la práctica), olvidarse de sí misma y hablar de otros temas. ¿Cuáles son esos otros temas? Es lo que dice un filósofo español: ser como el habitante de la frontera. Es decir, que la literatura brinde el espacio literario, a otros temas, en este caso a la cosmología o a la ciencia, a disciplinas más duras, y que deje un poco de circular en los temas de la condición humana. Eso es lo que yo llamo como el “face in up”, mirar hacia arriba. En el fondo es darle a la condición humana la posibilidad de mirar la condición cósmica, y que reconozcamos que nuestra existencia es un accidente muy minúsculo, siendo lo importante que es, pero que en términos de universo se empequeñece mucho. Y esto tiene que ver con la condición posthumana de la actualidad, no tanto por el lado de la robótica, sino más bien por el lado filosófico de esa “posthumanidad”.

¿Cómo ocurre tu proceso poético o escritural?

-Hay gente que funciona con una disciplina diaria (todos aspiramos a eso, no), pero la poesía a veces funciona por otras vías, y aunque haya una disciplina diaria, no es necesariamente la escritura diaria de un poema, pero sí al menos la anotación de ciertos estímulos. En esa línea, a mí me gusta ir anotando los estímulos, creando una especie de archivo de estímulos que pueden ser visuales, intertextuales (de otros textos que tú lees), pero generalmente es, como lo han dicho muchos autores: “la literatura se reproduce a sí misma”. En este sentido, uno más bien es un medio de esa reproducción y todo texto nace de otro texto. Ahora, como nuestra cultura es múltiple en el sentido de medios, está también lo visual: un poema puede nacer de la televisión, de tu impacto de ver. Muchos de mis poemas han nacido de mi impacto de ver ciertos documentales, de leer ciertos textos. Cada vez leo menos literatura, y no me avergüenza decirlo, y leo más otro tipo de textos, como de divulgación científica, por ejemplo, y si me da el margen de inteligencia, trato de leer las fuentes y enterarme de temas, que es lo que más me interesa.

¿Cuáles son los principales temas que desarrollas en tu obra?

-Dentro de los temas de mi obra, uno de ellos es, evidentemente el tema amoroso, pero en ese contexto, más adentro de eso, el tema recurrente siempre fue que el lenguaje pudiese ser usado como un ofrecimiento amoroso hacia el lector. Si leo un poema, por más dramático, por más nostálgico, por más terrible, o por más humorístico que sea, intento que contenga una experiencia amorosa en un sentido afectivo, o ecuménico y litúrgico si tuviese que emplear esas palabras. De esta manera, también, mi idea es abrir el espacio que yo tengo para crear un poema, para que ese otro lenguaje (en este caso particular, del tema que me fascina), que es el de la cosmología. Es decir, aquel de nuestro lugar en el universo y de todas las maravillas que pasan allá afuera, y que no vemos. Es tratar de incorporarlas y olvidarme de yo mismo, tratar de olvidar mis penas de amor, mis traumas, mis conflictos, e incluso mis conflictos o experiencias políticas: abandonar por un momento la condición humana.

MUESTRA POÉTICA:

OH SEÑORA MÍA

Oh eñora mía,
oh ama mía!
Yo me ofrezco todo todito a usted
y en prueba de mi pecaminoso afecto,
le consagro en este día,
que quisiera fuera al menos una noche
tan larga como la muerte,
mis ojos fijos en sus pechos,
mis oídos cansados de sirenas,
mi lengua moribunda y diabla,
mi corazón de novio solo,
mi pene abandonado a los matorrales,
en una palabra, todito mi ser.
Y ya que soy todo suyo,
oh eñora de mi primavera y única pasión,
guárdeme de su favor olvidadizo,
defiéndame de su sagrada violencia,
aunque utilíceme cuando guste
como instrumento
y posesión
suya suyita,
Que nada más eso soy. Ámeme.

(De Divina Pastora)

22

a sangre i fuego te voy a sacar
paloma palomitai ay palomai
de este pecho que ya no es tu nido
ni nada que se le parezca
según consta en el registro civil
y en mis profanas escrituras

(De Diario de un poeta recién divorciado)

SUPERNOVAS

aquí me tienen, calladito y todo, cazador
secreto, abierto el pecho a la noche
del Mundo, detrás de las Supernovas,
como antes lo estuve de las bellezas
de mi misma composición atómica,
arquero insomne –reconozco la cuna
y lo obsoleto de éste y de ese otro
epíteto sideral que, tan sinvergüenza,
me otorgo, como si en lo que expreso
hubiera las ganas de una perdida magia-,
en el Tololo quiero que me entierren,
ya, pronto, vamos, lo antes posible

(De Cosmological Me)

1 comentario:

anniel dijo...

hola, profe. ehm, bueno he decidido crear un blog que pueda mostrar lo que siento y pienso, que pueda demostrar que existo, espero que ud pueda leer y le gusten mis poemas. por ahora tengo uno solo, pero despues habrán más. espero que le guste c: bueno nos vemos.
anggiela dorador
colegio piamarta