jueves, 27 de enero de 2011

A LA MEMORIA DEL POETA RICARDO NAVIA 1926 - 2011


“El poeta trágico se entrega al dolor más profundo, que desvirtúa todas las explicaciones optimistas de la existencia. Pero este sufrimiento libera las fuerzas que no se darían de otra manera, y se establece como un valor último que por sí mismo es una respuesta. En esto consiste el secreto del arte trágico, que es la afirmación más profunda del mundo, pues aún encuentra una revelación en lo que aparentemente no tiene sentido…”
Walter Muschg

XII
Madre, acuérdate de mí. Cuando yo parta, que nadie use mis cosas; que ningún niño juegue donde yo estuve. Que no crezca yerba donde yo morí, no vaya a ser cosa que mis ojos florezcan.

Madre, regálale mis zapatos a un mendigo; mi ropa échala al río; a un moribundo dales mis poemas. Que nadie más que tú sepa cuánto odio al mundo.

No guardes nada mío; no quiero ser un recuerdo muerto dentro de los objetos de tu pertenencia, un recuerdo inmóvil que salta a tus ojos cuando te topas con ellos. De morir, quiero morir con todo lo mío.

No me pongas en la tierra, madre. No quiero que mi cuerpo se convierta en otros cuerpos pequeñitos y que mis manos se prolonguen por el suelo. No. No quiero, madre, en ninguna forma vivir de nuevo. A los amigos diles que me fui de viaje, que siempre existo, que estoy en todas partes, que vivo en todo.

Cuando muera quiero que muera el mundo, quiero que todo muera. Que nadie vaya por los caminos que fui. Que nadie toque lo que he tocado, que nadie mire lo que he mirado.

Madre, cuida de que todo muera cuando yo muera.

RICARDO NAVIA (31.10.1926 - 21.01.2011)


Poeta, crítico, ensayista, narrador y periodista. Nació en Santiago el 31 de octubre de 1926. Se inició en la literatura a temprana edad. Su primera colaboración apareció en el diario El Mercurio, mayo de 1935, cuando tenía nueve años, con el título de “Vida y obra de Jorge Isaac”. A los doce años fundó con otros alumnos del Liceo Amunátegui, la Sociedad Infantil de Escritores. A los quince años enfermó gravemente de tuberculosis, internándose en los sanatorios El Peral, entre 1945 y 1947, y en el de San José de Maipo hasta 1950, fecha en que fue dado de alta.

Luego vivió durante varios años en Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. En Argentina se desempeñó como periodista del diario Crítica de Buenos Aires, redactor del periódico Frente Argentino y colaborador de El Mundo Israelita. De regreso en Chile, colaboró en el periódico Mundo Judío. Luego, en 1972, ejerció la crítica literaria en el diario El Siglo y en Suplemento del Domingo de La Nación. Durante la Dictadura de Pinochet, sufrió la persecución política y la dolorosa pérdida de sus más cercanos compañeros y amigos. En los años 90 escribió para la revista Punto Final.

Publicó: Las Nubes Trágicas (poesía), 1948; Morir, Morir (poesía), 1954; Las Horas Caídas a Gotas (cuentos), 1959; De lo Profundo (poemario ganador del Premio Pedro de Oña de la I. Municipalidad de Ñuñoa), 1969; Cumbre Detrás de la Sombra (poesía), 1994; Relatos de un Insomne (cuentos), 1999; Introducción a la Cultura Griega (ensayo), 2001.

Parte de su obra fue incluida en antologías como: 13 Poetas Chilenos (1948), Poesía Nueva de Chile (1953), Los poetas y el General (2002) y Panorámica de la Poesía de Maipú (2006).

Radicado en Maipú desde el año 1993, Ricardo Navia desarrolló una trayectoria de más de sesenta años de intenso trabajo editorial y creativo, dejando varios libros inéditos, entre ellos: Tras el Abismo el Sol Transcurre (poesía) y un estudio comparativo sobre Moisés y Homero.

Falleció en la madrugada del viernes 21 de enero del 2011.