viernes, 2 de abril de 2010

PUERTO TRAKL DE JAIME HUENÚN: EL LUGAR REAL DE LA POESÍA


Antes que todo debo manifestar mi alegría al presentar el libro Puerto Trakl del poeta Jaime Huenún, recientemente ganador del Premio Pablo Neruda (2003). Cuando me enteré de la noticia, quise felicitarlo por esos mismos días. Pero el azar que impone una tecnología que, aparentemente, "ordena" y facilita el trabajo, hizo que perdiera cualquier seña domiciliaria. Hoy puedo hacerlo a modo de presentación.
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Parte de la poesía de Huenún ha dado cuenta del "choque" intercultural que ha experimentado la sociedad mapuche (huilliche, en este caso) de los fenómenos de emigración campo-ciudad en la zona sur de nuestro país. En esa zona de su poesía encontramos cierta dosis de épica lírica, presente en gran parte de la llamada poesía "étnica" chilena. Pienso en Ceremonias, algunos de sus poemas publicados en la antología Zonas de Emergencia o Ül, etc. Sin embargo, y aquí mi particular valoración de su obra, ha sido capaz de abandonar estos temas tan políticamente correctos y populares para hacerse cargo también de sus propias e individuales fuerzas y obsesiones poético-literarias. Este "salto" tiene lugar de manera elaborada y levemente narrativa en el libro que hoy presentamos.
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Puerto Trakl, misterioso título que nos remite a un lugar incógnito, que pareciera existir en algún fiordo o isla del sur extremo de nuestro país, a la manera de Melinka, Bahía Inútil o Isla King (todos nombres exóticos o absurdos para estas latitudes). No obstante, revisando el mapa, Puerto Trakl no figura allí. Un espacio así nombrado sólo puede existir en los espacios y geografías literarias. En este gesto da cuenta el autor de su pasión por los libros y sus autores. Se trata de un lugar mítico / poético, si se me perdona el lugar común. Pero no a la manera de un lugar perdido, una arcadia pasada e irrecuperable de la manera que plantea aquello que Teillier y otros denominaron "lo lárico". Al contrario. El libro construye un espacio poético real, no añorado. Un puerto que, como todo aquel que se precie de tal, constituye un gran bar a donde van a recalar los poetas / embarcaciones: náufragos los unos, marinos jubilados, los otros. Un mundo imaginado, tal vez, pero no por ello menos "existente": se trata, desde mi perspectiva, del universo literario particular del hablante. Y para acceder a él poseemos al menos de entrada una clave: Trakl.
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El poeta de origen austriaco Georg Trakl, tan caro para tantos de nuestros "láricos", escribe en su último poema Grodek acerca del suicidio, aparentemente motivado por su participación en una batalla homónima a principios de la Primera Guerra Mundial. Cito brevemente unos versos, hermanados con la poética de Huenún en este libro. Versos traducidos, dicho sea de paso, por nuestro amigo Breno Onetto, hoy aquí presente:
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Todas las calles acaban en una larga podredumbre. (...) la caliente flama del espíritu alimenta hoy un violento / dolor; al vástago nonato.
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Aquí el hablante "baja" a Puerto Trakl sumergido en una atmósfera de misterio y melancolía. Quiere narrarnos su viaje. No obstante, el lugar no lo acoge como un "remanso" cálido de auditores dispuestos. Por el contrario, el escenario es decadente, solitario y apátrida. Un mundo imaginario a la manera de los cuentos o fábulas infantiles, en los cuales los nombres de los personajes y objetos "normales" son sustituidos por sus versiones fantásticas: Hotel "Melancolía", Madame "Su", capitán "Melville". Reminiscencias de lugares que navega y en los que desembarca un Maqroll, por ejemplo. Un puerto imposible, poblado, sin embargo, de personajes posibles. Personajes familiares al imaginario nostálgico, trágico y etílico que podemos encontrar en muchos de los oscuros y perdidos bares de nuestro sur chileno-indígena. Un puerto al que se llega, en el que se pierde la propia lengua y del que no se puede escapar. Metáfora, tal vez, de la poesía. Puerto-representación de los fracasos humanos de los que -al menos por medio del lenguaje- no podemos huir. Allí el "Bar" constituye el escenario de la poesía, la marginalidad y el desencanto. Una verdadera pasarela, irónicamente, claro, de "la gloria del mundo", Huenún dixit.
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Por todo lo anteriormente dicho, pudiera pensarse que se trata de un poemario lleno de intertextualidades y referencias a cierta literatura. Pero no es así. Los poemas no pierden su lirismo y capacidad evocadora; constituyendo así unidades autónomas, posibles de leer y disfrutar de manera independiente. Puerto Trakl pudo caer en la tentación de ser un libro "programático", como tantos que abundan por ahí y que, escritos a partir de una idea o tema que asegure atractivo y efecto, puede llegar a convertirse en una letanía de artificios inconducentes y reiterativos. No es éste de ninguna manera el caso.
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Por Antonia Torres A.

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