viernes, 2 de abril de 2010

PUERTO TRAKL: DONDE VAGAN LOS POETAS.


Puerto Trakl, de Jaime Luis Huenún (Editorial Lom, 2001), es la segunda entrega de este poeta nacido en Valdivia en 1967. Antes, en Ceremonias (1999), nos había brindado un sólido conjunto de poemas que destacan, de un lado, por el entrelazamiento de la tradición mapuche (que pesquisa y recibe de su estirpe) con la europea (que incorpora a través de su formación escolar y, sobre todo, universitaria) y, por el otro, por búsquedas formales a veces muy logradas. El resultado: versos que emocionan y, a la vez, comunican, con una belleza nueva, pensamientos y visiones. Los poemas reunidos en Puerto Trakl, aunque publicados con posterioridad, podría alguien conjeturar que fueron escritos antes que Ceremonias porque dan la impresión de ser más bien, un paso atrás o, al menos, una vacilación.
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Este poema es una unidad, interrumpida visual y rítmicamente sólo por los espacios en blanco, que narra el viaje del narrador-poeta desde la llegada al puerto, su deambular por él y su final alejamiento. El puerto, parece ser un lugar más imaginario que real o quizás un estado del alma y no un espacio físico. El paso del poeta por allí, una suerte de descenso a los infiernos, es casual en su llegada y en su salida. Huenún no abre el sentido de este tránsito. No hay aprendizaje alguno del poeta. "Sin amigos, sin dinero, sin reputación / vuelvo a mis antiguos días".
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Algunas señales indican -conjeturo- hacia la estadía en este puerto en tanto alegoría de un encrucijada del poeta con su decir, a un desencuentro entre aquél y la palabra. Puerto Trakl es lugar donde van a morir los poetas, donde "vagan, cansados y tristes, con carpetas llenas de poemas sin publicar". Allí "mi patria es el silencio". La inclusión de Georg Trakl (1887-1914) en el título y las referencias a él a lo largo del poema, además de constituir un homenaje, apuntan, creo, hacia una interpretación de ese orden. En efecto, una de las vertientes de comprensión que se mencionan usualmente de la complejísima obra del poeta austríaco es considerarlo como el representante máximo del colapso de la confianza del poeta en la palabra y la posibilidad de ésta de ser portadora de la verdad de las cosas y el mundo. (Esta interpretación deja de lado, entre otras, la lectura que lleva a cabo Heidegger en su poderoso ensayo "El Habla en el poema. Una dilucidación de la poesía de Georg Trakl". En ella, en cambio, tras las huellas de un "poema único" urdido a lo largo de toda su obra, la poesía de Trakl aparece máximamente dotada de sentido y portadora de verdad y a éste como "el poeta aún ocultado del país de la tarde, Occidente".)
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Huenún en la descripción de este puerto trakliano y a su vagar por él apela a elementos demasiados desgastados, hasta triviales. No percibo aquí contención, llaneza, economía de lenguaje, sino más bien carencia de recursos, falta de imaginación creadora. La reiteración, por ejemplo de palabras como niebla, neblina, nublado; la visión tópica de un puerto con sus marineros borrachos, bares oscuros, prostitutas "fragantes y cansadas", muelles desolados; la falta de imágenes visuales potentes, tan características de Trakl; una sonoridad plana, sin inflexiones y, sobre todo la ausencia de un destellar de verdad, un pensamiento desplegado a través de esas imágenes visuales y auditivas que bordee lo inefable. Fragmentos sueltos resplandecen, con todo, tales como, "Atravieso este bosque de abetos tormentosos. / Las estrellas caen endulzando / los lejanos abedules. / Silenciosa, una mujer aparece en la niebla / y alumbra mi camino su lámpara sin luz"; ellos recuerdan el talento de Ceremonias y nos colocan a la expectativa de lo que viene.
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por Cristóbal Solari

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